Cómo empezó todo
JellyBrains nació en 2016, aunque la historia empieza un poco antes. Judit empezó como desarrolladora freelance y los proyectos no dejaban de crecer. Cada vez más clientes necesitaban no solo código, sino también un buen diseño de producto. Así que le pidió ayuda a la persona en la que más confía: Ever, diseñador de producto digital con años de experiencia en agencias y producto final.
Lo que empezó como "échame una mano con este proyecto" se convirtió en algo más grande. Los proyectos seguían llegando, los clientes repetían, y Ever acabó dejando su trabajo para dedicarse a lo que ya era inevitable: montar un estudio juntos.
Así nació JellyBrains. Sin inversores, sin oficina de coworking molón, sin pitch decks. Solo dos personas que se complementan —una diseña, el otro desarrolla— y una obsesión compartida por hacer las cosas bien.
Hoy, más de 70 proyectos después, seguimos igual: trabajando directamente con cada cliente, sin intermediarios, y cuidando cada línea de código y cada píxel como si fuera nuestro propio producto.